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Recordando a Cecilio Goñi

Alfredo Aristu - Miércoles, 10 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:44h.

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Si los pájaros no dejan huellas en el aire. Si las fotografías amarillean y caducan porque están sujetas a la mudanza del tiempo, hay personas como Cecilio y Mikaela, Mikaela y Cecilio, pues uno sin el otro no es posible avanzar en la narración, sería faltarles al respeto, que, tras su estancia entre nosotros, su paso son dos huellas en firme que no podrá borrar el tiempo. Hace 50 años, recién llegados al barrio de la Txantrea y mientras se irían haciendo con la saga de los Goñi-Ciáurriz (Elías, Pepe, Rafa, Lourdes, Víctor, Javi y Wualo), Cecilio pronto encontró tiempo para comprometerse con sus vecinos: HOAC; AAVV; Auzotegi; UDC Chantrea… Y tiempo también para su uso personal, en aquellos días de domingo con salidas al campo, cuando el viaje era entonces una odisea y allí donde todo se aquietaba y era conquista, ponía la caña a remojo o atrapaba cangrejos con reteles o a mano. Y en julio por San Fermín ¡como Dios manda por medio del santo!, mandarra en mano al tendido de sol con la peña Armonía Txantreana.

Cecilio, a simple vista se dejaba sentir muy próximo, ¡aun yendo a por el pan de cada día! Cada paso que daba se le anticipaba su buen humor, siempre llevaba por delante su sonrisa y el eco de sus silbidos abriendo camino. Y en su camino, caminando junto a él hasta el finis terrae de sus vidas, Mikaela. Mujer de talla menuda ¡pero menuda talla como madre y etxekoandre! ¡Qué rosquillas preparaba al anisete! ¡Con qué gusto las repartía! Ahondando en sus deportes favoritos, destacaba por ser una fervorosa jugadora de cartas ¡qué maña demostraba barriendo para casa jugando a la brisca! ¡Qué ilusión se advertía en sus ojos cuando comenzaba la temporada de asar pimientos! ¡Qué destreza desplegaba por el monte en busca y captura de hongos! Mikaela, a simple vista no aparentaba la fortaleza que siempre la siguió, ¡aun en los peores momentos de cada día! Cada paso que daba anteponía su modestia, cuando la modestia no es sólo virtud sino hábito. Hace 80 años, si hubiese existido la Txantrea, Cecilio de Pamplona y Mikaela de Iragui, sin lugar a dudas habría sido su lugar de nacimiento.

Si los peces no dejan huellas en el agua, si el pasado es la morada donde habita la historia, ellos, que son esa historia que nos ha dado de vivir ¡por mucho que corra el tiempo y nos adelante!, su presencia se mantendrá indeleble porque no está sujeta a su mudanza. El tiempo existe y se mide por los latidos del corazón.

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