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Sabiduría con galletas

por gabriel Mª otalora - Miércoles, 10 de Marzo de 2010 - Actualizado a las 07:43h.

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UNA joven esperaba el embarque de su vuelo en un gran aeropuerto. Como tenía una larga espera por delante, decidió comprarse un libro, y también se compró un paquete de galletas. Se sentó lo más cómodamente que pudo y se puso a tranquilamente a leer, dispuesta a pasar un buen rato de descanso hasta la hora del embarque.

Al lado de su asiento, donde se encontraba el paquete de galletas, un hombre abrió una revista y se puso a leer. Al cabo de un rato, cuando ella cogió la primera galleta, el extraño también cogió una. Ella se sintió irritada por este comportamiento, pero no dijo nada, contentándose con pensar: ¡"qué cara más dura la de este hombre"!

Hay cosas que no podemos recuperar una vez que ya nos hemos desprendido de ellas

Cada vez que ella cogía una galleta, el hombre hacía lo mismo. Ella se iba enfadando cada vez más, pero no quería dar un espectáculo en un sitio tan concurrido del aeropuerto. Cuando sólo quedaba una galleta, pensó: "a ver qué va hacer ahora este imbécil", esperando su momento para desquitarse. El hombre cogió la última galleta, la partió en dos y, con toda tranquilidad, le ofreció la mitad.

Esto ya era demasiado… En un arranque de genio, la joven cogió su libro y sus cosas y salió disparada a la terminal de embarque. Cuando todavía furiosa se sentó en su asiento del avión, abrió su bolso y, con gran sorpresa, descubrió su paquete de galletas, intacto y sin abrir. ¡Se sintió muy mal! No comprendía cómo se había podido equivocar de semejante manera… Había olvidado que guardó su paquete de galletas en el bolso. El hombre había compartido con ella sus galletas sin ningún problema, sin rencor, sin explicaciones de ningún tipo, mientras ella se había enfadado, y de qué manera, pensando que había tenido que compartir sus galletas con un tipo descarado y gorrón…, y ahora no tenía ninguna posibilidad de explicarse ni de pedir disculpas. Al menos le quedaba la esperanza de que alguien tan extraordinario, que seguramente no volvería a cruzarse con él en la vida, no se le quitasen las ganas de desplegar su talante al recordar esta desgraciada experiencia.

Hay cosas que no podemos recuperar una vez que nos hemos desprendido de ellas; sobre todo, una palabra después de haberla dicho, una ocasión después de haberla perdido, y el tiempo cuando ya ha pasado. Pero sí que podemos aprender de los errores y conjurarnos para no repetirlos. Y si observamos correctamente esta escena del aeropuerto, esta mujer tuvo suerte al equivocarse de paquete de galletas; a pesar de que casi nadie se sentiría diferente a ella con la experiencia que tuvo que pasar cuando se las prometía muy felices con su libro y sus galletas. Como nos dice la gran poetisa Cecilia Meireles: "Hay personas que nos hablan y ni las escuchamos. Otras nos hieren y no dejan ni cicatriz. Pero hay personas que simplemente aparecen en nuestra vida y nos marcan para siempre".

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